antonio ros de olano y heriberto garcia de quevedo
Como un antecedente curioso puede citarse en nuestra historia literaria, la existencia de estos dos nombres, venezolanos por su origen, y españoles de adopción, los cuales deben contarse entre los importantes iniciadores del romanticismo nuestro. Ros de Olano nació en Caracas en 1808. Huérfano muy niño, fue adoptado por don Lorenzo Ros y su esposa doña Manuela de Olano. Los primeros estudios los realizó Ros de Olano en Caracas. En los albores de su adolescencia fue enviado a España. De allí no regresará más. Tras una carrera brillante con la pluma y con la espada, logrará escalar envidiables alturas en la política y en las letras. Fue militar de valor comprobado. Se distinguió por su arrojo en la Batalla de Monte Negrón y de Guadel-Jelú. Tuvo como amigos entrañables a sobresalientes escritores españoles de su época. Entre ellos se contaron Pedro Antonio de Alarcón y José Espronceda, como los más allegados. El primero dedicó al caraqueño su Diario de un testigo de la guerra de Africa en términos elogiosos. El segundo le ofreció su más famoso libro, El Diablo Mundo. Ros de Olano fue orador notable. En 1843 fue Gobernador de Murcia. Su obra literaria corresponde al auge del romanticismo en España. Tal vez desconocida entre nosotros para su momento, no ejerció influencia de importancia entre los primeros poetas románticos venezolanos. Unos cuantos títulos constituyen su obra: El Diablo las Carga, El Doctor de Lañuela, Galatea, Leyendas de Africa, La Gallomaquia y Poesías. Pedro Antonio de Alarcón le sirve de prologuista y consejero en algunas de sus obras. Indudablemente Ros de Olano es una figura de significación para el poco consistente romanticismo venezolano. Mariano Picón Salas ha observado que este poeta «Traba algunos versos de concentrada emoción, y aun más profundos y más próximos a nosotros, que muchos de los de Espronceda y Zorrilla:
«Cuando la sed del alma se ha encendido
Y la taza quebró junto a los labios,
Decidme, amigos; enseñadme, sabios
¿De dónde se bebe el agua del olvido?»
(Picón Salas, Mariano: Formación y Proceso de la Literatura Venezolana. Impresores Unidos. 1940).
El más conocido de sus poemas entre nosotros, es el soneto que dedica a Caracas, su ciudad nativa. Una suave nostalgia se escurre por sus versos. El recuerdo de la patria lejana persiste intacto. El calor del sol tropical, el paisaje deslumbrante de América, tratan de ser aprehendidos por el poeta de sus mensajes llenos de humanas resonancias. He aquí el soneto:
«¡Oh límíte del suelo en que la vida
latió el amblente del hogar nativo.
tras dilatada ausencia siento altivo
amor filial hacía la patria huida!
Si es madre el corazón de la advertida
memoria, en dulce encanto es incentivo
su espléndida ríqueza al fulgor vivo
del sol que esmalta la región querida.
Nací español en la cíudad ríente;
rodó mi cuna entre perpetuas flores;
besé las aves de plumaje ardiente;
trajéronme de niño mis mayores;
hoy. en mi patria histórica, la muerte
las junta en un amor con dos amores»
Otros poemas de Ros de alano, como El Dolor, La Idea , revelan el acento romántico que hizo célebre a su amigo y compañero Espronceda.
El otro poeta, Heriberto García de Quevedo, nació en Corohacia 1819. Como Ros de Olano se radicó en España. Pero con mayor fortuna que él pudo volver al lar nativo en misión diplomática. Sucedió en 1857. Era el último año de la presidencia de José Tadeo Monagas. García de Quevedo que empieza por ser novelista, con relatos atiborrados de pasión y lágrimas, como El Amor de una Niña, Un Amor de Estudiante, La Llama del Amor en un incendio, etc., es poeta no de poca significación en cuanto a la primigenia orientación del romanticismo venezolano. Hombre de vida elegante, caballeresca, gustará en su poesía de temas acordes con su sensibilidad. Por ello, con cierto equilibrio, pasan escenas de duelo, de amores, de ideales conquistas humanas. Con esa temática en la que soblesalen la mujer, el amor, un mundo de líricos contornos, García de Quevedo influye en la primera generación de románticos venezolanos, en la que se contarán con sus voces más importantes, las de Abigaíl Lozano y José Antonio Maitín.
Como Ros de Olano, García de Quevedo dedica un poema a Caracas. En él hay imágenes y metáforas felices. Recordando a Oviedo y Baños, que en su Historia de Venezuela había hablado de un clima de perpetua primavera, al referirse a Caracas, García de Quevedo canta:
«A la falda de un monte que engalana
feraz verdura de perpetuo abril,
tendida está cual virgen musulmana,
Caracas, la gentil;
y la corona de flotantes brumas
que se cíerne en la cima secular
parece un vuelo de nevadas plumas
que Dios la quiso echar.»
Juan Antonio Pérez Bonalde, acogerá años más tarde la figura de García de Quevedo «virgen musulmana», aplicaba a la ciudad del Avila. En una de las estrofas de Vuelta a la Patria se lee:
«Caracas allí está; vedla tendida
a las faldas del Avila empinado,
odalisca rendida
a los pies del sultán enamorado.»
La idea es la misma. La figura es exactamente igual. García de Quevedo llama a la ciudad acostada a los pies de la montaña «virgen musulmana»; Pérez Bonalde le dice «odalisca rendida». La significación de los términos es idéntica. Odalisca, en Turquía, es la esclava destinada al servicio de las mujeres del harén o una de las propias mujeres del sultán. Como se ve, García de Quevedo pensó antes que Pérez Bonalde en el símil oriental.
Del poema de García de Quevedo nace toda una constante temática que nutre la obra de los otros poetas románticos, que como Lozano, quieren hacerse voceros de su época y representar una sensibilidad. Bien ha observado Picón Salas que «Todos los elementos de que echara mano nuestro romanticismo menor, el que se vulgariza, el que penetra hasta en las gacetillas de los periódicos, aparecen en el canto de García de Quevedo; las ciudades son 'sultanas' o 'vírgenes':
«Virgen desamparada. Reina del Occidente»
llamará Abigaíl Lozano a Barquisimeto; Maracaibo será la «Sultana del Coquivacoa», Cumaná la del «Manzanares», Ciudad Bolívar la del «Majestuoso Orinoco», Mérida la de «Las Sierras Nevadas». El poeta se presenta «con el corazón oprimido y como un trovador melancólico». «El corazón es siempre un altar» (Picón Salas. Mariano. Obra Citada. p. 115).
Otros poemas de García de Quevedo como su canto a Cristobal Colón, encierran atisbos importantes dentro de la poética del continente. Y dentro del cuadro del romanticismo venezolano, no cabe duda de que la influencia del poeta coriano, pesa definitivamente en la concepción y en su esquema.
|