carlos borges (1867-1932)
Carlos Borges se mueve cronológicamente dentro de la más pura atmósfera modernista. Sin embargo, su formación religiosa, sus estudios, lo inclinan hacia lo clásico y lo romántico en su poesía. Hay distintos aspectos en su obra. Hereda cierta nota sepulcral, mezclada con lo religioso que lo acerca a los románticos, pero otras veces desemboca en su poesía de armonioso ritmo, de contenido amatorio vivamente sensual, que lo colocan en la franca línea modernista, de Silva, del mismo Blanco Fombona y de Darío. De los poetas anteriores a su generación, recoge el eco de Pérez Bonalde. Más que todo en la musicalidad del verso y a veces en el metro. Su Lámpara Eucaristica, recuerda en la forma a El Cuervo de Poe, traducido por Pérez Bonalde.
Un mundo de misterios, de vacilaciones, preside el pensamiento artístico de Borges. Su vida de sacerdote no le impidió caer en cierto momento en la bohemia de la época. Y así se revelan en su naturaleza, frente a la vida monástica, los reclamos del hombre sensual y atormentado. En su poesía aflora su drama espiritual, puro y sin hipocresías:
«Quiero verte desnuda como una azucena
manecita de seda candorosa y fragante:
quiero verte desnuda como un lirio filena
florecita que oculta el capullo del guante.»
En su poema Nocturno, Borges revela a la clara su constante estado de vigilia. Romántico en sus impulsos, aparece con tímida nota modernista en el colorido que pinta el poema:
«Es media noche... la vecina selva,
La playa, el monte, el mar... todo en silencio!
y el artista, la frente enardecida.
En eljardin, a solas con sus sueños.»
Es frecuente en la poesía de Borges, la denuncia de sus contradicciones pasionales. Se revela a menudo como un hombre angustiado en busca de resignación. A ratos es ascético, espiritualmente, como lo pensó Lisandro Alvarado. Pero en la mayor parte de su obra aparece, como pecador, que asimila el ministerio de la vida, al gozo y al arrepentimiento.
El padre Borges fue un notable orador sagrado. Es posible que esta circunstacia haya influido en la caída de su poesía, que si bien ofrece atisbos de excepcional belleza, en algunos instantes, casi toda peca por verbalismo y discursiva sonoridad.
Dispersa en periódicos y revistas de la época, andan todavía sus mejores producciones. Un estudio sereno y podado de prejuicios, requiere su obra poética, tan calumniada, como ha sucedido en España con la de Quevedo y la del propio Lope.
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