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eduardo blanco (1838-1912)
Eduardo Blanco es, sin duda, una de las figuras más resaltantes dentro del panorama de la literatura nacional. Sus obras fundamentales son Venezuela Heroica y Zárate. El primero es un libro de estructura compleja. Tiene lo sui géneris de lo personal. El marco general de la obra es la historia en una concepción romántica. Pero en el fondo hay otros elementos finamente disueltos, que pueden aflorar fácilmente en un análisis detenido. Por ejemplo, hay algo de novela en los cuadros llenos de colorido de las batallas y las epopeyas bien logradas, sólo comparables con los de Juan Vicente González en su Biografía de José Félix Ribas. Así que no es historia pura y simple, el cuadro Las Queseras, por ejemplo. Allí hay vigor, vida, movimiento, propios de la novela. Por otra parte, en Venezuela Heroica hay un clima poético. Se ha dicho que el libro es un gran poema de nuestra gesta emancipadora. Hay mucho de verdad en esa afirmación. A pesar de lo marcadamente épico del libro, de lo puramente objetivo, de vez en cuando, se viven intensos momentos de lirismo. Porque Eduardo Blanco se entusiasma y hace vibrar las más escondidas fibras del alma humana. Sus cuadros tienen una virtuosa vitalidad inigualable.
En cuanto a Zárate, podemos decir que es la producción narrativa que mayor consistencia ofrece dentro de los títulos publicados por Eduardo Blanco. Ciertos rasgos objetivos y sicológicos, acercan la novela al hallazgo de lo nacional. Sin embargo, Blanco no podía liberarse por arte de magia de la pesada influencia romántica y en la mayor parte de la obra campean los desaciertos de dicha escuela, tanto en el estilo como en el comportamiento de los personajes. Blanco en todas sus producciones hace gala de un ampuloso estilo, grandilocuente, aprendido de Víctor Hugo y sus demás pintores de la escuela romántica. Y aun cuando en Zárate tiene el acierto de moderar en cierta forma sus arranques épicos, no lo consigue sustancialmente.
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