el ensayo de transicion

Después del modernismo, junto a las consecuencias de la primera gran conflagración mundial que culminó el año 18, en el campo de las ideas, los rumbos cambian. Se produce, además, la Revolución rusa y hay un intercambio de consignas y prédicas que logran burlar las aduanas mantenidas por la dictadura. Frente a estas circunstancias, surgen posiciones conservadoras, a traves de las cuales se desea legitimar el estado de cosas existentes, mediante la reflexión de carácter sociológico. Entre los ensayistas de esta última tendencia, habría que mencionar a Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), cuyo libro Estudios de Sociología Venezolana trata de justificar la existencia en la Venezuela de entonces, del régimen de fuerza sostenido por el General Juan Vicente Goméz.

Por el camino del revisionismo histórico, transita en cambio Angel César Rivas (1873-1930) quien, en su trabajo Orígenes de la Independencia de Venezuela, sostiene la firmeza del legado cultural de España en nuestro proceso de emancipación, por encima del vasallaje de la violencia, predicado sin miramientos por los primeros historiadores de la conquista y la colonia.

Con sus estudios sobre sociología, etnografia y antropología en general, J.L. Andara (1866-1923) y Julio C. Salas (1870-1933), persisten en la búsqueda histórica, de carácter científico, en cuanto los orígenes de nuestros fundamentos de pueblo.

En el campo de la reflexión intelectual pura y las cuestiones estéticas y filosóficas. surgen nombres que se alejan de las influencias, tanto del positivismo, como del modernismo, en su afán de ofrecer nuevas alternativas en el análisis de una gran plataforma del pensamiento venezolano moderno. Estos nombres son los de Enrique Bernardo Núñez, Augusto Mijares, Mario Briceño Iragorry y Mariano Picón Salas.

La obra de Enrique Bernardo Núñez (1895-1964) está contenida en sus libros: Una Ojeada al Mapa de Venezuela, Bajo el Samán y Viaje por el País de las Máquinas. De estilo muy original y cáustico, Nuñez ha sido entre nosotros uno de los más sagaces pensadores y atildado prosista. en lo que va de la segunda mitad de nuestro siglo XX.

Dentro de la corriente sociológica, con admirable disciplina de pensador, Augusto Mijares (1897-1979) realiza una labor de revisión, frente a los estudios históricos puestos en boga por los sociológos del positivismo. Entre otras cosas, rebate con fuerza la tesis de Vallenilla Lanz y Arcaya, en relación con la necesidad del César para conservar nuestra estabilidad política. Los libros más importantes de Mijares son: Interpretación Pesimista de la Sociología Hispanoamericana, Hombres e Ideas en América y El Libertador.

Preocupado por los estudios históricos y la identidad nacional, aparece en nuestro escenario literario de principios de siglo, Mario Briceño Iragorry (1897-1958). Sin acogerse a los métodos del positivismo, continúa la tarea revisionista de nuestros fundamentos históricos. Muchos de sus libros: Tapices de Historia Patria, El Caballo de Ledezma, La Alegría de la Tierra, Mensaje sin Destino, Introducción y Defensa de Nuestra Historia, recogen lo mejor de su pensamiento y de su erudita preparación en el campo de las ciencias sociales, para el esclarecimiento de muchos de nuestros problemas de interpretación en el caso de nuestro proceso formativo. Briceño Iragorry fue un pensador de vasto alcance, siempre ceñido amorosamente a desentrañar el magma de lo venezolano.

Por el mismo camino de venezolanidad, con proyección universal, transita en su ensayística Mariano Picón Salas (1901-1965). Es sin duda el más importante pensador que haya producido en los últimos cincuenta años la literatura nacional.

Iniciado muy joven en los menesteres intelectuales, Picón Salas sorprendió por su precocidad mental a los más doctos académicos, pertenecientes a generaciones an-teriores a la suya, Picón Salas, formado en Chile en sus años juveniles, ha logrado en Venezuela con éxito desentrañar muchos de nuestros grandes problemas de tipo cultural. Su obra sagaz y varia ha alcanzado en los últimos años, proyección universal. Al lado de Alfonso Reyes, de Henrique Ureña, de Mariátegui, figura su nombre entre los más influyentes maestros del pensamiento latinoamericano de nuestros días. Su bibliografía es extensa a la hora de su muerte. En las más grandes revistas de América y de Europa, publicó muchos de sus más resonantes ensayos. Sus libros son los siguientes: Intuición de Chile y otros ensayos, Hispanoamérica, Posición Crítica, En Busca de una Conciencia Histórica, Dependencia e Independencia en la Historia de Hispanoamérica, Un Viaje y Seis Retratos, Viaje al Amanecer, Odisea de Tierra Firme, Comprensión de Venezuela, De la Conquista a la Independencia, Formación y Proceso de la Literatura Venezolana, Los Malos Salvajes, Cinco Discursos sobre Pasado y Presente de la Nación Venezolana, Preguntas a Europa, Regreso de tres mundos, Gusto de México, Registro de Huéspedes, Los Días de Cipriano Castro, Los Tratos de la Noche.

Después de su muerte, Ediciones Edime publicó una Antología de la Prosa Venezolana. que el ensayista había dejado en prensa. Asi mismo se publicó un volumen que el llamó Suma de Venezuela. Como se ve, todo su esfuerzo y su inteligencia estuvieron por entero al servicio de su pasión venezolana.

LITERATURA DE VANGUARDIA

 

 
Arturo Uslar Pietri

 

Todas los signos acumulados durante el período de transición, en el que jugó un papel muy importante el término de la primera gran conflagración mundial en 1918, tenían que producir en el mundo un movimiento de avanzada, de renovación total, que abarcaría por igual a todas las manifestaciones estéticas, como a todas aquellas de carácter social e institucional. Ese movimiento tanto en el campo de las ideas, como en el de la literatura y el de las artes, llegó con retraso hasta nosotros, pero empezó a hacerse sentir en la década de los veinte, bajo la entusiasta consigna del movimiento de vanguardia. Hay en los jóvenes que integran el movimiento, signos precisos de inquietud estética y filosófica. Lo político, por su parte, influye indiscutiblemente. Sin ser lo substancial. Es necesario recordar que en el mundo se operaban cambios casi radicales en el campo del pensamiento y de la misma conformación social.

En Europa se genera una revolución en casi todos los órdenes de la vida, después de la primera gran guerra, que concluyó en 1918. En la literatura se refleja indudablemente ese espíritu de inquietud, de búsqueda, de revalorización histórica. Así en Venezuela, los jóvenes de entonces, aleccionados por las nuevas corrientes ideológicas y literarias, sensibles a toda clase de transformación, insurgentes o iconoclastas, alborotan desde sus trincheras de vanguardia, los dormidos cálculos literarios del país. Los vanguardistas leen con avidez Literaturas europeas de Vanguardia, de Guillermo de Torres; devoran las últimas entregas de la Gaceta Literaria, de la Revista de Occidente, de Cruz y Raya. Mediodía, Litoral, Revista de Indias, etc. Discuten en las tertulias las ideas de Unamuno. de Ortega. Se inclinan por un conocimiento preciso de los grandes escritores rusos de post-guerra. Se fragua una como literatura de manifiestos. Los poemas. dentro de su nueva modalidad, responden a una actitud específica de la generación. Queriéndose liberar de la evasión, los escritores de vanguardia encaran la reponsabilidad vital de su momento y de su destino.

 

 
Julián Padrón

 

Según el testimonio de Julián Padrón, la generación de vanguardia estaba constituida por los siguientes escritores: Luis Castro, Carlos Eduardo Frías, Nelson Himiob, José Salazar Domínguez, Felipe Massiani, Miguel Acosta Saignes, Luis Alvarez Marcano, Pablo Rojas Guardia, Arturo Croce, Gabriel Angel Lovera, Juan Oropeza, Carlos Augusto León, Julián Padrón y algunos escritores como Arturo Uslar Pietri, que en 1991 obtiene el Prernio Internacional Rómulo Gallegos con su obra La Visita en el Tiempo, Antonio Arráiz, Miguel Otero Silva y Guillermo Meneses, cuyo compromiso estético coincidía plenamente con el del movimiento de vanguardia.

 

 
     
Antonio Arráiz   Miguel Otero Silva

 

Si examinamos las realizaciones estéticas de la generación, nos encontramos que en cada uno de los géneros tradicionales se opera un cambio radical. La prosa de vanguardia se despoja de los oropeles que todavía hacen valer los últimos rezagados del modernismo. Las frases se hinchan de contenido. Se prefiere el adjetivo audaz. El período se acorta. Priva el rotundo punto y seguido. De esta manera, en géneros como la novela y el cuento se observan cambios fundamentales, tanto en el discurso como en el nivel semántico, en relación con la obra de escritores de generaciones anteriores. La novela más característica de este período es Las Lanzas Coloradas de Arturo Uslar Pietri. Tanto su prosa como su técnica, y el mismo mundo de los personajes, ofrecen una concepción diferente del arte de novelar. Destaquemos un ejemplo de la prosa utilizada por Uslar en su novela: ¡Noche oscura! Venía chorreando el agua, chorreando, chorreando como si ordeñaran el cielo. La luz era de lechuza y la gente del mentado Matías venía enchumbada hasta el cogollo y temblando arriba de las bestias». La prosa se carga de impertinencias poéticas, de audaces sugestiones imaginíficas. Por su lado un cuentista como Guillermo Meneses, en uno de sus cuentos, habla de «vibración luminosa» y «las barbas verdes de las algas».

 

 
Guillermo Meneses

 

En el campo de las realizaciones poéticas, puede afirmarse que a la generación de vanguardia en Venezuela, corresponde papel de primerísima importancia. Son los años claves de una total renovación en el acento, en el contenido, en la expresión de la poesía continental.

Penetra como ráfaga contagiosa el mensaje de Mayakovsky y de Neruda. En el lndice de la Nueva Poesía Americana que había llegado a Caracas por entonces, figuraba como único representante de Venezuela, Antonio Arráiz. El había abierto el camino de la renovación con Aspero (1924). Un verso descoyuntado, saturado de naturaleza, discursivo, como el de Whitman, rompía los monótonos moldes, respetados religiosamente hasta entonces por los románticos y modernistas. Arráiz estimulaba la rebelión de los más jóvenes. con su rico mundo de metáforas, con su expresión recia, caldeada de sol, con su temática de profunda inquietud telúrica. De los poetas más jóvenes de vanguardia se perfilaba con claro porvenir, dentro del grupo, Luis Castro. La muerte le sorprendió a temprana edad. Su mensaje, sin embargo, aunque breve, tiene una profunda significación para la moderna poesía venezolana. En una revista, de la cualsólo apareció un número «Válvula», pero que puede considerarse como el vocero más autorizado de la generación de vanguardia en Venezuela, vio la luz el primer poema de Luis Castro. Una angustia continental embargaba el corte audaz del poema, que se titulaba Yo Soy América. Un impacto recio, era para la poesía venezolana, meliflua y sentimental tradicionalmente, el poema de Castro, que comenzaba:

Yo soy el indio. el blanco. el negro

Yo;

Yo soy América.

Muchos de los integrantes de la generación de vanguardia, identificados con cl espíritu de lucha que animó al pueblo venezolano durante los días más aciagos de la dictadura gomecista, dejaron en su obra el testimonio de su inquietud, su conocimiento preciso de la lacerada realidad política y social de la Venezuela de entonces.

 

EL GRUPO «VIERNES»

Como una consecuencia de la generación de vanguardia, resulta en cierta forma el movimiento de «Viernes» en la literatura venezolana, a partir de 1936. La renovación que se gestaba en los años anteriores, llega entonces a su plenitud. Siempre, en todo movimiento literario, confluyen factores diversos. Al movimiento de «Viernes» contribuyen factores, tanto de orden político como de orden estético y filisófico. La muerte del tirano de Maracay abre insospechadas perspectivas a la vida venezolana en todas sus manifestaciones.

El regreso de exiliados políticos, el mensaje de otras culturas, que ahora se hacen más asequibles, la libertad de expresión, un nuevo espíritu de empresa cultural, dan contornos de éxito a los propósitos de los más jóvenes escritores venezolanos que se reúnen en las páginas de la revista «Viernes». La misma aspiración de la generación anterior, de convertir el movimiento en cruzada continental, anima a la gente de «Viernes». Por eso, el mensaje de los jóvenes escritores venezolanos de entonces, no reconoce fronteras. Se estrechan lazos con escritores como Marcos Fingereti de la Argentina: Alvaro Figueredo y Juana de Ibarbourou, de Uruguay; Eduardo Anguita, Rosamel del Valle, Humberto Díaz Casanueva y Eugenio González, de Chile; Gerardo Diego, F. Carmona Nenclares, Jorge Guillén, Pedro Grases, Alberto Junyet y Abel Valmitjana, de España; Luis Alberto Sanchéz, del Perú; Enrique Labrador Ruiz, Juan Marinello, de Cuba; etc. «Viernes» fue casi esencialmente un movimiento poético. El grupo estuvo integrado por nueve poetas y un crítico. Los poetas fueron: Luis Fernando Alvarez, José Ramón Heredia, Angel Miguel Queremel, Pablo Rojas Guardia, Vicente Gerbasi, Otto D'Sola, Oscar Rojas Jiménez, Pascual Venegas Filardo y Rafael Olivares Figueroa. El crítico: Fernando Cabrices. Posteriormente otros nombres suscribieron colaboraciones en «Viernes», tales como Héctor Guillermo Villalobos, Aquiles Certad. Luis José García, Pálmenes Yarza y Miguel Ramón Utrera.

 

 
Oscar Rojas Jiménez

 

Realmente los poetas de «Viernes» libraron una batalla de grandes proporciones con los últimos vestigios del modernismo y aun del romanticismo, que privaban en nuestra poesía desde el siglo XIX. La poesía se incorporaba a través del grupo «Viernes» al movimiento que vivía la poesía del mundo, después de la primera gran guerra. Lejos del sentimentalismo formal, de la orquestación verbal, del juego malabarista de palabras en verso, que había sido proverbial en los poetas improvisados de estas latitudes, surge el inquietante destino del hombre como una subrealidad. Los poetas de «Viernes» comprendían y sentían el lenguaje de Huidobro y de Vallejo. como una invitación a la aventura estética. Estudiaban y asimilaban el manifiesto subrealista de Breton. Y buscaban en las mejores voces europeas del siglo precedente, un vínculo de continuidad, por lo que releyeron con provecho a Novalin, Hölderlin y Goethe.

Dentro del grupo «Viernes» se encontraban poetas que por su edad correspondían a distintos momentos de nuestro desarrollo literario. Así por ejemplo Angel Miguel Queremel, Rafael Olivares Figueroa y Luis Fernando Alvarez, bien han podido cronológicamente pertenecer a la generación de vanguardia. Queremel y Olivares Figueroa vivieron fuera del país durante los tremendos años de la dictadura gomecista. Iniciaron su obra poética en la Península Ibérica. Por eso a su regreso a la patria, trajeron fresco el mensaje de los mas vigorosos poetas españoles que intentaban renovar la literatura hispánica a traves e movimientos como el de la «Gaceta Literaria». Así García Lorca, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Pedro Salinas, empiezan a ser conocidos con mayor precisión por los nuevos poetas de «Viernes». Queremel trajo una obra firme, de importancia excepcional, como contribución a la empresa renovadora de la poesía venezolana, surgida de «Viernes». Lo mismo Olivares Figueroa.

Del seno de «Viernes» surgió, en efecto, la renovación esperada en nuestro proceso poético, detenido durante varios decenios. Poetas como José Ramón Heredia, Luis Fernando Alvarez, Otto D'Sola y Vicente Gerbasi, lo mismo que Pascual Venegas Filardo, Oscar Rojas Jiménez y Pablo Rojas Guardia, se consituyen en los abanderados y realizadores de una moderna poesía venezolana, hasta entonces sujeta al yugo de las escuelas poéticas tradicionales. «Viernes» dejó un saldo positivo. La batalla estética que se había iniciado entre la generación de vanguardia y sus antecesores, la gana en definitiva el grupo «Viernes». Así se incorporaba Venezuela a la cruzada renovadora, que se alzaba en América capitaneada por la poderosa voz de Pablo Neruda.

LA LITERATURA VENEZOLANA DE LOS ULTIMOS AÑOS

Como decía Bolivar, el juicio exacto de una revolución depende de que sea observada desde muy cerca y juzgada desde muy lejos. Así mismo pasa con la literatura. No es lo mismo referirse al pasado, que hacerla con el presente. Sobre todo, si como el caso nuestro uno está ligado directamente al proceso de varios decenios, seguido por la evolución literaria del país. Sin embargo, trataremos de referimos con objetividad, en forma panorámica, al curso seguido por nuestra literatura durante la segunda mitad del presente siglo.

Ya nos hemos referido a la aparición de la «Vanguardia» y del grupo «Viernes», en los primeros lustras del siglo actual. Después vinieron nuevos grupos, naturales con nuevas tendencias. De corta duración y obra de menor proyección que la realizada por .«Viernes», fueron los grupos «Presente» y «Suma». Alrededor de esos grupos surgen algunos nombres de poetas y prosistas, que luego van a tener figuración importante en la evolución más reciente de nuestras letras. Así, por ejemplo, están los nombres de Juan Liscano, Juan Beroes, José Salazar Meneses, Rafael Clemente Arráiz, Alí Lasser. Aquiles Nazoa, Francisco Monroy Pitaluga, entre otros. Posteriormente surgieron grupos de fecunda, pero de fugaz trayectoria, como fueron «Contrapunto», «Cantaclaro» y «Sardio».

Con el auge de la discusion política y el estímulo de la discusión de las ideas en general, en los últimos años han surgido diferentes credos estéticos, en los que han dado a conocer nuevos nombres en el campo de la literatura nacional. Podrían mencionarse grupos como los de «El Techo de la Ballena», «Tabla Redonda», «Sol Cuello Cortado». «Las Arañas», «En Haa», sin ignorar que se nos escapan algunos otros nombres más recientes.

 

 
Miguel Acosta Saignes

 

Dentro de la militancia de estos grupos se encuentran representantes de todos los géneros literarios modernos entre nosotros, sin prescindir de las figuras, consagradas, muchas de las cuales, continúan dando lustre con su producción a la actualidad de nuestra literatura. Es el caso de muchos de nuestros escritores más eminentes, como Arturo Uslar Pietri, hoy por hoy, el más cimero representante de las generaciones anteriores. Uslar novelista, ensayista, cuentista, dramaturgo, es sin duda en nuestros días, una especie de patriarca de las letras venezolanas actuales.

Así mismo podría decirse de Ramón Díaz Sanchez, muerto hace pocos años, cuya obra es de una importancia capital para la cultura nacional comtemporánea. Su libro, Guzmán, elipse de una ambición de poder, es un clásico de nuestros estudios históricos. Dentro de este mismo campo habría que señalar la presencia de un historiador como Ramón J. Velásquez, cuya obra ha desentrañado en nuestra historia todo lo relativo a la contemporaneidad. Especialista en las etapas de Castro y de Gómez, Velásquez cumple en la actualidad una tarea investigativa de extraordinaria proyección.

En el orden de los anteriores escritores, habría que mencionar nombres como los de Luis Beltrán Guerrero, Isaac J. Pardo y algunos desaparecidos recientemente, como Miguel Otero Silva y Pedro Pablo Barnola. En el campo de la poesía de los últimos años. diversas corrientes estéticas se han entrecruzado. Hace pocos años todavía resonaba con vigencia absoluta, la voz del gran poeta chileno, Pablo Neruda. A ratos se dejaba oír el mensaje, de cierto tono romántico, que desde la Argentina, enviaba para toda la América hispana, Francisco Luis Bernárdez. En Colombia surgía con un vigoroso tono neoclásico, el grupo «Piedra y Cielo», en el que destacaron poetas de la talla de Eduardo Carranza. De Europa llegaba el mensaje de Paul Eluard y Saint John Perse.

 

 
Salvador Garmendia

 

En medio de este abigarrado panorama estético-filosófico, se consolida en Venezuela una poderosa generación de poetas, de la cual los nombres más importantes, entre otros, son los siguientes: Juan Liscano, Juan Beores, Pedro Francisco Lizardo, Ida Gramcko, Ana Enriqueta Terán, Luz Machado, Jean Aristiguieta, Pálmenes Yarza, Rafael Pineda, Pedro Pablo Paredes, Pedro Laya, Lucila Velásquez, Francisco Salazar Martínez. Benito Raúl Losada, Luis Pastori, Aquiles Monagas, Carlos César Rodríguez, José Antonio Escalona Escalona, Rafael Angel Insausti, Elisio Jiménez Sierra, Rubén Angel Hurtado, César Lizardo, Tomás Alfaro Calatrava, Juan Sánchez Peláez, Alarico Gómez, Carlos Gottberg, Juan Salazar Meneses, Miguel García Mackle, José Ramón Medina, Juan Manuel González, Marco Ramírez Murzi, Graciela Torres.

A este importante grupo de poetas, muchos de los cuales han alcanzado, dada la calidad de su obra, galardones tanto nacionales como internacionales, como es el caso de Juan Liscano, José Ramón Medina, Luis Pastori, Luz Machado, Juan Manuel González, Ida Gramcko, Rafael Pineda, le sigue una generación de no menos importancia, integrada por nombres, con obra realizada, como los de Francisco Pérez Perdomo, Ramón Palomares, Guillermo Sucre, Rafael José Muñoz, Jesús Sanoja, Juan Angel Mogollón, Dionisio Aymará, Juan Calzadilla, Efraín Subero. A este grupo habría que agregar otros nombres de más reciente aparición en el escenario literario nacional, como serían los de Eugenio Montejo, Alfredo Silva Estrada, Alfredo Coronil, Víctor Valera Mora, Eduardo Zambrano Colmenares, Rafael Cadenas, Miyó Vestrini, Eleazar León, Gustavo Pereira, Elena Vera, Salvador Tenreiro, Enrique Hemández D'Jesús, Hanni Ossott, Earle Herrera, Ramón Querales, Aníbal Castillo, Luis Alberto Crespo, Edda Armas, Jesús Serra, Juan Pinto, Lubio Cardozo, Benito Irady, Juan Gregorio Rodríguez Sánchez, José Antonio Castro, Enrique Arenas y muchos otros, que es imposible enumerar en este breve panorama.

En el terreno de la narrativa, incluyendo la cuentística, ha habido un proceso de evolución lenta, después del período dorado de Gallegos y la eclosión de búsqueda de los narradores de vanguardia, como Uslar Pietri, Antonio Arraiz, Julián Padrón, Guillermo Meneses, Miguel Otero Silva, Lucila Palacios, Ramón Díaz Sánchez, entre otros.

Las generaciones de los últimos años, pudieron leer, algunas veces con retraso, las obras de Joyce, Kafka, Hesse, Huxley, Faulkner, tenidos como la más alta expresión narrativa de su tiempo y han podido extraer de esas lecturas, experiencias que les ha servido para ensayar la orientación de sus propias creaciones en el campo del relato.

Algunos de los nombres más sobresalientes en los tres últimos decenios del presente siglo, serían: Andrés Mariño Palacio, Salvador Garmendia, Ramón González Paredes, Argenis Rodríguez, Oswaldo Trejo, Antonio Márquez Salas, Alfredo Armas Alfonso, Gustavo Díaz Solís, Oscar Guaramato, Héctor Mujica, Humberto Rivas Mijares. Este grupo, en una u otra forma, coincide con el auge de la revista «Contrapunto».

 

 
José Balza

 

Posteriomente, narradores más jóvenes han afirmado su búsqueda en el éxito de los grandes narradores de lo que se ha llamado el Boom, en la literatura latinoamericana moderna. Han planteado mucho de ellos, una especie de ruptura con los viejos moldes de la narrativa tradicional. Entre los más sobresalientes de este grupo, habría que mencionar a José Balza (1939), Jesús Alberto León (1940), Francisco Massiani (1944), Laura Antillano (1950), Luis Britto García (1940), Ramón Bravo (1938), Carlos Noguera (1943), David Alizo (1941). Al calor de los nuevos ensayos narrativos, escritores cronológicamente distantes de lo que podría ser el esquema generacional, han producido obra en el campo de la narrativa, de novísima factura, con perspectivas de insospechada proyección. Es el caso de Gustavo Luis Carrera, quien se ha distinguido como ensayista y crítico literario, pero q4e en los últimos años se ha dedicado a la narración y nos ha entregado una novela de indiscutible valor, sobre el escenario de las Salinas de Araya, en el oriente del país, intitulada Viaje Inverso.

 

 
Laura Antillano

 

Así mismo no hay que olvidar el caso de Adriano González León, aparentemente aislado en los recuentos sistemáticos, de tipo histórico en nuestra literatura, cuyo libro País Portátil, abrió la expectativa en torno a la narrativa joven de la época. Un novelista de las últimas promociones es José Napoleón Oropeza, quien ha demostrado poseer sobresalientes cualidades, para la obra de creación en este campo. Frente al proceso seguido por la poesía y la narrativa, nos encontramos con el ensayo como género de meditación, de serias disciplinas, el cual requiere probada madurez y alta formación intelectual.

 

 
Adriano González León

 

Entre nosotros, el ensayo no ha contado con muchos cultivadores, pero su presencia siempre ha acompañado al desarrollo del pensamiento nacional en las diferentes épocas. En los último decenios, los nombres más importantes en el cultivo de este género serían: J. L. Salcedo Bastardo, Ernesto Mayz Vallenilla, Eddie Morales Crespo, Ramón González Paredes, Guillermo Morón, Mario Torrealba Lossi, Oscar Sambrano Urdaneta, Domingo Miliani, José Antonio de Armas Chitty.

Salcedo Bastardo ha cultivado fundamentalmente el ensayo histórico. Es uno de los mejores conocedores del pensamiento de Bolívar. Mayz Vallenilla es fundamentalmente un filosófo. Morales Crespo cultivó el ensayo social. González Paredes ha preferido el ensayo literario, aun cuando no escapa a su inquietud el ensayo filosófico. Guillermo Morón se ha distinguido en el cultivo del ensayo histórico. Torrealba Lossi ha tenido preferencias por el ensayo literario, lo mismo que Oscar Sambrano Urdaneta y Domingo Miliani. Armas Chitty, por su parte se ha dedicado con profundidad a la investigación histórica, en la que ha dado excelentes muestras de su talento y madurez.

Al primer grupo de ensayistas. cuya obra es el mejor testimonio de su importancia en nuestra literatura, sería necesario agregar nombres más recientes, muchos de los cuales tienen obra sobresaliente en el campo del ensayo. Estos nombres serían los de: Ludovico Silva, Orlando Albornoz, Germán Carrera Damas, Adolfo Rodríguez, Elías Pino Iturrieta, Manuel Vicente Magallanes, Oswaldo Larrazábal Henríquez, Helena Dorante, Lubio Cardozo, José Antonio Castro, Virgilio Tosta, Ramón Escovar Salom, Jesús Sanoja Hernández, Manuel Caballero, Julio Barroeta Lara.

EL TEATRO

Es indudable que sin remontarnos demasiado en nuestro pasado histórico-cultural. encontraremos que el cultivo de la escritura dramática entre nosotros ha carecido de adeptos. Nombres aislados podrian citarse en las generaciones de escritores, solicitados por otras preocupaciones estéticas y filosófica. El teatro de nuestros días realmente se desprende de esa generación cenital, que el critico Rubén Monasterios sitúa en el último cuarto de siglo entre nosotros. Es la que integran, con pequeñas diferencias, César Rengifo, Isaac Chocrón, Román Chalbaud y José Ignacio Cabrujas. Después, como el mismo Monasterios señala, destacará con luz propia, el nombre de Rodolfo Santana, cuya incansable labor ha servido de estímulo a los más recientes valores de nuestra dramaturgia.

En época muy reciente, la creación de los talleres literarios del Centro de Estudios-Latinoamericanos Rómulo Gallegos ha tenido una influencia decisiva en el afinamiento y desarrollo de esta forma literaria en las últimas promociones de escritores.

Por ejemplo, es el caso de Edilio Peña. Nacido en 1951, la obra de Peña responde naturalmente a una problemática social, en la que está inevitablemente inserta la política. El recoge, si no la experiencia de una etapa histórica, que él no alcanzó a vivir plenamente, por lo menos la atmósfera sicológica de lo que fue la resistencia frente al régimen de terror de Marcos Pérez Jiménez, precisamente en los años en los que transcurre la infancia del autor. La obra de Peña se desenvuelve en un clima de magia, de sobrecogimiento interior, que la salva del manifiesto político puro.

Como Peña, uno de los más importantes autores jóvenes, ofrecen una decisiva trayectoria en el cultivo de nuestra dramaturgia, otros autores de mayor edad, como Gilberto Pinto, Luis Britto García, Levi Rossell, José Gabriel Núñez, Elisa Lerner, Rodolfo Santana, Mariela Romero, Elizabeth Schön, Manuel Trujillo.

Gilberto Pinto publicó en 1975 una obra de teatro intitulada Los Fantasmas de Thlemón, la cual ganó el premio «Anna Julia Rojas» en el concurso organizado por el Ateneo de Caracas en 1970. Es una obra de finos intríngulis políticos, en la que se procesa la corrupción que suele degradar los que detectan el poder. Se mueven en la obra 52 personajes.

Luis Britto García ha compartido su vocación de narrador con su indiscutible condición de dramaturgo. Su obra El Tirano Aguirre o la Conquista de Eldorado, y Suena el Teléfono, publicadas en 1976 en las ediciones de la Dirección de cultura del Distrito Federal, lo revelan como un autor en constante búsqueda, tal como sucede en su obra narrativa. Britto utiliza el personaje de honda repercusión histórica, que representa el Tirano, y lo vincula al mito de Eldorado, para luego en el campo de lo imaginario, realizar planteamientos de actualidad. En la otra obra de Britto, Suena el Teléfono, en un acto, el autor da rienda suelta a su desbordante caudal crítico, en el que recurre al absurdo constantemente, para explicar situaciones de la vida diaria. Otras obras suyas son: Venezuela Suya, Así es la Cosa, Alicia en el País de las Maravillas y Su Melodia Favorita.

La bibliografía de Rodolfo Santana es ya extensa. Ha publicado obras como El Gran Circo del Sur, La Empresa No Perdona Un Momento de Locura, Los Ancianos, Tarántula, etc. Levi Rossell, por su parte, es autor de obras como Caracas...Urgente, Querido Yo.

De la misma manera, Elisa Lerner alcanzó el aplauso del público con su obra Vida con Mamá. Muy joven, Mariela Romero publicó en las ediciones de Monte Avila su obra El Juego. Es una pieza teatral de finas resonancias sicológicas, en las que dos personajes tienen el mismo nombre: Ana. A pesar de que por momentos se rechazan, llegamos a la conclusión de que los extremos se tocan.

Así mismo en 1977 Elizabeth Schön publicó en la editorial Monte Avila su obra Melisa y yo, en la que reúne cuatro trabajos de factura dramática. Ellos son: El que da el nombre al libro. Lo importante es que nos miramos. Jamás me miró y Al Unísono.

Manuel Trujillo, quien se inició como cuentista en los días de «Contrapunto», hace pocos años ganó el Premio Municipal de narrativa con su novela Desterrado en Madrid.

Sin embargo, ha incursionado en el teatro con cierto éxito, como es el caso de su obra Movilización General. En síntesis, se observa en el campo del discurso dramático, un trabajo sostenido e intenso, cuyos frutos no se harán esperar.