jose luis ramos

Nació en Caracas y con gran voluntad adquirió por propio esfuerzo, una cultura humanística de profunda erudición. Muy joven se había iniciado en el servicio público, no obstante la mayor parte de su vida la dedicó al estudio, a su preparación intelectual.

Con Bolívar, entrará a Caracas, después de la gloriosa campaña del año 13 y prestará servicios en Hacienda y Relaciones Exteriores hasta 1814, año de la emigración a Oriente.

Hasta 1819 vivió el humanista prácticamente exiliado en las Antillas. Reaparece ese año en Guayana, para poner al servicio de la causa emancipadora, ya en vías de consolidación, su inmenso saber y decidida voluntad republicana.

De 1820 a 1821 ejerce funciones como redactor de «El Correo del Orinoco». El año 21 vuelve a Caracas. Desde entonces prestará los más altos servicios a la administración pública.

Por más de tres décadas estará al frente de importantes destinos nacionales, hasta que un incidente desagradable para su dignidad y eficiencia, le hacen retirar a la vida privada. En 1846 se radica en Maiquetia. Quiere labrar el campo. Busca paz para su espiritu y descanso para su cuerpo. A su retiro irán de nuevo en solicitud de sus sabios servicios. Pero ya sus fuerzas y su propio temperamento personal. no le permiten regresar a sus antiguas funciones.

Agotado, achacoso, su familiares intentan trasladarlo a Caracas, a su casa de Santa Rosalia, pero en la noche del 5 de julio, aniversario de la Declaración de la Independencia , que el gran humanista había ayudado a forjar, murió en su residencia de Maiquetía, a los 66 años de edad. Con la desaparición de Ramos, perdía la República a uno de sus hijos más eminentes. «Patriota fiel y puro» lo llama Baralt en su «Resumen de Historia de Venezuela». En su compleja vida pública, Ramos reserva tiempo para el aprendizaje de lenguas vivas y muertas. Llega a ser profesor de griego. Cuando estuvo encargado de la Dirección General de Estudio e Intrucción Pública. él mismo habia tratado de proveer a los estudiantes de textos escolares, acordes con las necesidades pedagógicas de entonces. Por eso redacta una Gramática Castellana, una Gramática Greco-española, un Silabario Ortológico y escribe en forma de epístola un erudito tratado de Métrica, conocido con el nombre de Disertación acerca del verso endecasílabo castellano. A la par que escribe libros de enseñanza, Ramos cultiva la crítica literaria y explora el mundo de la poesía. Sin embargo, su sería obra de humanista es cátedra de permanente proyección. Más que haber conformado Ramos una obra literaria, de gusto refinado y viva creación, logra con su vastos conocimientos humanisticos ofrecer a grandes rasgos, las mejores orientaciones estéticas dentro del rigor clásico, para ejemplo de una época de búsqueda y de estructuración en todo los órdenes de la vida nacional y en especial en el región de nuestra literatura. A este respecto, el escritor Luis Beltrán Guerrero, quien en nuestros días se ha ocupado con detenimiento y seguro dominio de la obra del antiguo humanista venezolano ha anotado: «En rigor todo el quehacer intelectual de Ramos tiene una fundamental preocupación educativa. Y no podrla ser de otro modo entonces, y aun ahora, porque América ha demandado y demanda, antes que nada de sus hombres más idóneos, el enseñar, sea desde la cátedra, desde el periódico o el libro». En realidad Ramos fue un maestro en toda la extensión de la palabra. Pasma lo que supo y lo pudo enseñar en medio de su azarosa vida pública. Sin embargo, su final será de desconsuelo en un clima de ingrata indiferencia.

Luis Beltrán Guerrero cita un artículo de Manuel Norberto Vetancourt, coetáneo de Ramos, publicado en «El Patriota», en el que se lee: «El que fue leal y ardiente defensor de nuestros derechos murió oscuro y pobre, casi olvidado de sus compatriotas: nosotros ignoramos por muchos días su muerte». Ramos, humanista de la talla de Bello, sin haber salido del país, dejó un legado de incalculable trascendencia para el desarrollo de la cultura nacional.