| |
lisandro alvarado (1858-1929)
Como Gil Fortoul, Alvarado muestra desde su juventud preocupación por abarcar las más variadas ramas del saber humano. Realiza en la Universidad Central de Venezuela, estudios de medicina; pero su vocación de polígrafo le lleva a cultivar las más complejas disciplinas de la cultura. Su personalidad es una de las más curiosas de nuestro siglo pasado. «Ultimo discípulo de Rousseau -lo ha llamado Mariano Picón Salas- y heredero de la tradición de don Simón Rodríguez, como el nómada extravagante y enamorado de lo primitivo». De una modestia ejemplar, Alvarado ocupa su tiempo en el estudio de las más diversas especialidades. Profundiza las ciencias sociales, las ciencias biológicas, la etnografía, la lingüística, la literatura y domina varios idiomas vivos y muertos. Hombre de inmensa cultura, Alvarado termina por despreciar los artifícios de la civilización y las comodidades del mundo moderno, para buscar una vida primitiva, en cierto sentido, rousseauneana. A veces se pierde de la ciudad para observar la naturaleza en forma minuciosa. Estudia las plantas, el lenguaje de los aborígenes; recoge el eco de la tradición en el testimonio de supervivientes de pasadas guerras y hasta llega a incorporarse al Estado mayor del caudillo llanero, general Joaquín Crespo. Toda esta inquieta vida, cargada de una poderosa razón criolla, nutrida en el contacto popular, tendrá como secuela una obra de variados matices y profundas resonancias en el proceso de la cultura venezolana.
 |
El Presidente Andueza Palacio le nombra cónsul en Southampton y Alvarado acepta, con el solo objetivo de errar por Europa. En Londres se encontrará casualmente con su amigo José Gil Fortoul. Pero tan pronto como Alvarado ha abrazado a su amigo Gil Fortoul en la capital inglesa, el trashumante sabio desaparece y, desde Ospino, un pueblecito perdido en los llanos de Portuguesa, escribe a su amigo diplomático.
El curioso andarín ha vuelto a recorrer los rincones venezolanos. Sigue averiguando la razón de ciertas situaciones históricas. Sigue en su anhelo incontenible de desentrañar los secretos del alma venezolana. En su largo peregrinar, el sabio hace anotaciones, coteja, estudia, escribe.
Cuando se instala en la ciudad colabora en las revistas y en los periódicos. «El Cojo Ilustrado» publica dos de sus más comentados ensayos de psiquiatría y psicología: Los Delitos Políticos en la Historia de Venezuela y Neurosis de Hombres Célebres. Bajo la influencia del italiano Lombroso, Alvarado trata de estudiar algunos hechos históricos venezolanos con el nuevo auxilio de la sicología. En el primer trabajo analiza tres acontecimientos dramáticos en la historia de Venezuela: la Guerra a Muerte, el 24 de enero y el 2 de agosto. Los grandes delitos que han quedado resonando en nuestra historia, contenidos en esos sucesos son para el científico, consecuencias de un estado de ánimo colectivo. No parece encontrar delicuentes determinados.
En el segundo trabajo, que reprodujo Lombroso en su revista «LÁrchivio Italiano di Psichiatría», Alvarado estudia, según él, «bajo un aspecto puramente médico» las anormalidades sicopáticas de nueve personalidades de la vida pública venezolana: Juan Manuel Cajigal, Ildefonso Riera Aguinagalde, León de Febres Cordero, Cecilio Acosta, José Antonio Páez, Simón Planas, el arzobispo doctor José A. Ponte, Simón Bolívar y el doctor Guillermo Michelena.
En 1909 publicó su Historia de la Revolución Federal. En la colección de las obras completas del sabio, editada por el Ministerio de Educación en 1956, corresponde al volumen V. Lleva prólogo de Mariano Picón Salas. Es un libro lleno de interesantes datos, recogidos de vivas fuentes, al rescoldo de las pasiones sin extinguirse, de labios de los propios actores de la contienda. Picón Salas ha sintetizado en el prólogo de la edición citada: «Y el fundamental valor del libro de Alvarado es haber recogido primero que ningún otro, y sin pasión sectaria, casi con suma cautela objetiva, el variado cuadro de la «hubris» venezolana en los días federales. Se asoma a los hechos como un geólogo a las grietas de un volcán».
Después trabajará en sus Glosarios del Bajo Español en Venezuela y de Voces Indígenas. Guillermo Morón, autor de un breve estudio sobre Alvarado, publicado en los cuadernos de la Asociación de Escritores Venezolanos, ha escrito al respecto: «En lingüístíca es toda una autoridad. Obra de la vida dedicada a su estudio. Obligada fuentes de recursos para quienes se dedican a estas disciplinas difíciles y necesarísimas». Sus legajos, dejados a su muerte sin publicar, parece que contienen estudios sobre una Gramática maipure y vocabulario, así como otros estudios lexicales de lenguas caribes. En etnografía, deja el sabio sus Datos etnográficos de Venezuela, fruto de su convivencia con los indios, de la observación directa de sus costumbres y de su manera de pensar.
A ratos es crítico literario, función que ejerce desde las páginas de la revista «Cultura Venezolana». De allí sus trabajos como La Poesía Lírica en Venezuela a Fines del Siglo XIX . En los momentos de ocio creador, como pausa en sus graves investigaciones científicas, hace traducciones como la del poema de Lucrecio. De rerum natura, publicada hace algunos años por la Biblioteca Popular del Estado Lara.
|
|