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LITERATURA colonial
Realmente no podría hablarse de una literatura colonial propiamente dicha en la historia cultural venezolana. Nuestras manifestaciones en este género, como en el caso de la música y de la pintura, fueron realmente limitadas. Sin entrar a considerar nuestro pasado indígena, en el que sin duda, a pesar de su cultura elemental, han debido existir manifestaciones reveladoras de la consistencía espiritual de los naturales, se puede afirmar que en el período colonial nuestro las letras no llegaron a florecer, como sucedió en otras regiones de nuestro continente, en las que como el caso de México y del Perú. alcanzaron un desarrollo notable, no sólo de acuerdo con la cultura trasplantada, sino atendiendo al sedimento de su propia cultura, cuyo refinamiento de milenios seguía imponiéndose, por encima de toda cirunstancia de carácter histórico. Sin embargo. avanzado el período colonial en el desarrollo de nuestro proceso histórico, se observa que el género de mayor auge entre nosotros es el de la poesía. El famoso crítico y académico Julío Calcaño, en el prólogo a su "Parnaso Venezolano", publicado en 1892. asienta al respecto: «¿Cuándo, en qué momento, históriíco apareció entre nosotros la poesía, habitadora del alcázar y de la choza, amiga del magnate y del pastor? ¿Dónde estampó por vez primera la sandalia de oro? ¿Pulsó acaso la sonante lira. Llevó el arco sobre las cuerdas del rabel, o dejó oír los ecos poderosos de la trompa?».
Estos interrogantes categóricos son respondidos por el mismo critico, con aseveraciones tajantes, producto de sus incursiones por las etapas de la conquista y la pacificación colonial.
Calcaño escribe: «No! la poesía no pudo ni podía aparecer con esplendor ninguno durante el régimen colonia, ni siquiera con el sereno y seguro paso con que apareció en México, en el Perú y en la Nueva Granada, porque aquellos países, que constituían los ímperios de los aztecas, los incas y los chibchas, tenían relativamente una civilización que había de facilitar el proceso de toda senda; en tanto que Venezuela sólo era un país enteramente salvaje donde había que buscar y aun crear lo más precioso para la existencia del hombre culto, dilatandose así con exceso su advenimiento a la vida civilizada».
Durante los siglos XVI y XVII en que hubo en países como los mencionados manifestaciones importantes en el campo de la literatura, en Venezuela se sucedieron tímidos asomos en este sentido.
Los nombres que podrían citarse en el cultivo de la poesía en estos periodos han llegado hasta nosotros, sin sus testimonios, por las menciones que de ellos hizo en su Elegía de Varones Ilustres de Indias, Juan de Castellanos. Serían los de D. Jorge de Herrera, D. Fernando de Virúes. D. Fermín Mateos y D. Diego de Miranda.
Julio Calcaño en su Parnaso Venezolano cita a D. Alonso de Escobar y a D. Ruy Fernández de Fuenmayor. El primero escribió en decasilabos una a Caracas y el segundo dedicó unas décimas al historiador José Oviedo y Baños.
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