los poetas

Entre los primeros que hemos mencionado, se encuentra Andrés Eloy Blanco (1896-1955). En otras oportunidades hemos escrito que la obra de Andrés Eloy Blanco ofrece tres fases: la primera en la que se observan sus nexos con el romanticismo y con el modernismo y en la que recuerda el mensaje de Pérez Bonalde en libros como Tierras que me oyeron y Poda. La segunda de búsqueda revolucionaria, tanto en la expresión como en los mismos temas de su poesía, representada en libros como Barco de Piedra y Baedeker 2000. La tercera fase es la de la madurez. En ella su acento poético es profundo. Parte de lo nacional para proyectarse a lo universal. En esta fase están comprendidos sus poemas de la Juanbimbada, con sus palabreos y sus cantos de juglar, así como los de Giraluna, en los que alcanza la más alta dimensión lírica, no sólo dentro de la poesía venezolana, sino dentro de la misma poesía hispanoamericana de nuestros días.

Por su parte, Fernando Paz Castillo (1893-1981) se sitúa en la búsqueda de un lenguaje depurado y profundo, de limpia prosapia castellana, que lo emparentan en su obra con poetas como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Ha sido considerado por algunos críticos, como un poeta de expresión pura y acento universal. Su libro La Voz de los Cuatro Vientos, marcó rumbos precisos a la moderna poesía venezolana a la primera mitad de este siglo.

Dentro de la nota infantil y lo nativo se desenvuelve la poesía de Jacinto Fombona Pachano (1901-1951). Sus libros Virajes y Las Torres Desprevenidas, aportaron un fresco mensaje de profundo contenido humano y nacionalista a la poesía venezolana contemporánea.

Otro poeta, cuyo aporte a la transición fue verdaderamente significativo, por la calidad estética de su obra fue Rodolfo Moleiro (1898-1970). Su trayectoria poética presenta dos fases: la de sus primeros poemas, aun no bien liberados del modernismo, y la de su obra madura, de fina y depurada factura, en la que se muestra como un lírico de serena y trascendente expresión.

Un adelantado en la búsqueda de la transición en nuestra poesía, fue Luis Barrios Cruz (1898-1968). Con su libro Respuestas a las Piedras, en el que trata de conciliar el novedoso lenguaje poético de vanguardia, en boga entonces, con su radical nativismo, imprime al proceso de nuestra poesía, verdadero carácter de cruzada estética.

De la misma manera, Pedro Sotillo (1902-1977) escribe una poesía de hondo acento nativista, en la que la evocación de la tierra y la vivencia de cosas íntimas le distinguen entre sus compañeros de generación. Sus libros Andanza y La Calle y los Caminos, son los mejores testimonios de sus preferencias líricas.

 

 
Julio Morales Lara

 

Por la misma ruta transitó su compañero de credo estético, Julio Morales Lara (1894-1952). En un lenguaje poético que no quiere parecerse al de los modernistas, ofrece en su obra un franco nativismo, a ratos matizado de una delicada evocación infantil. extraído del rico folklore de los valles de Aragua. Sus libros, Savia, Múcura y En la Honda, un Lucero, son el mejor testimonio de su apego a una poesía de puro aliento venezolano. Sería imposible reseñar por separado, las características de la obra de cada uno de los numerosos poetas, muchos de gran significación, como Enrique Planchart, Luis Enrique Mármol, Enriqueta Arvelo Larriva, que pertenecen como los anteriores a un mismo movimiento y con diferencia de pocos años, a una misma época. En todo panorama, corremos ell riesgo de observar sólo los horizontes.