Luis lopez mendez (1861-1891)

Así como Lisandro Alvarado y Gil Fortoul comparten la proyección de la nueva historia y la nueva ciencia en el escenario intelectual de su tiempo, Luis López Méndez lo hace en el campo de las ideas estéticas, con César Zumeta.

En su único libro Mosaico de Política y Literatura recoge una serie de artículos polémicos publicados en el «Fonógrafo» de Maracaibo. En largas epístolas, firmados algunas veces con los seudónimos de Lucrecio y de Numa, combate los prejuicios religiosos o estéticos, y analiza la situación política nacional. Para ser tan joven, en poco tiempo López Méndez logró atesorar una cultura sólida y vasta. Sus trabajos polémicos estaban fundamentados en sus lecturas recientes y respondían a una seria posición doctrinaria. Gil Fortoul, su compañero de generación, al prologar el libro citado asienta: «Sus tendencias políticas son deducciones lógicas de la ciencia contemporánea; y su lenguaje revela la fuerza y flexibilidad, a un tiempo, de una inteligencia donde se equilibran las preocupaciones del filósofo y los nerviosos refinamientos del artista».

Duras batallas sostuvo López Méndez apoyado en las ideas positivistas, aunque, como anota Fernando Paz Castillo, con algunas contradicciones a ratos. Su libro, que es el resultado de su diario combatir en las páginas de los periódicos, es el mejor testimonio de su labor, rendida con la más edificante pasión venezolana. Al leer el libro de López Méndez, impreso en una segunda edición por la Editorial Nueva Segovia de Barquisimeto, en 1955, encontramos que su contenido es vario y complejo. En el aspecto literario propiamente dicho, ofrece en su primera Carta dirigida al redactor de «El Fonógrafo» de Maracaibo, algunas consideraciones sobre Yépez y Guaicaipuro Pardo; en la tercera carta se refiere a Juan Vicente González. Luego incluye articulos sobre el «Discurso del Dr. Eduardo Calcaño», «Don José Antonio Calcaño», «Julián» por José Gil Fortoul, «Dos Discursos Académicos», y las «Poesías del Dr. Rafael Núñez». Todo el resto del libro se contrae a polémicas filosóficas, políticas y religiosas.

El crítico literario Julio Planchart, al referirse a la figura de López Méndez, ha escrito: «Sus artículos de crítica literaria son pocos, pero tienen la peculiaridad de estar informados por ideas muy definidas, que sí tienen el mérito de evidenciar una personalidad firme y actual, le impiden por ser normas determinadas que anticipan el resultado del juicio, de la libertad de él, y le constriñen el ejercicio del buen gusto, elemento esencial a la crítica literaria y artística».

Realmente López Méndez irrumpe con sorprevisa agresividad filosófica y estética en los dormidos cenáculos del pensamiento criollo de su época. Dice cosas que escandalizan y que son tomadas como heréticas. No cree en la religión, porque según sus reflexiones no llevaba al hallazgo de la verdad. Ataca a los académicos empedernidos y los abruma con las citas de los más nuevos pensadores europeos de su tiempo.

En política, desnuda la realidad del país. Formula teorías y traza bosquejos sociológicos, asentados en novísimas doctrinas políticas.

Cuando habla de la democracia como sistema de gobierno, parece referirse en forma valiente a la trágica historia política de Venezuela. Escribe: «Democracia es Gobierno de discusión: y no aquella, «especie de ortodoxia política, en virtud de la cual un gobierno, declarándose infalible, se alza con la soberanía nacional, pone un sello en todos los labios y se constituye en depositario del criterio del bien, acerca del cual los pueblos son los únicos depositarios».

En relación a otros aspectos de su obra literaria, López Méndez exploró en forma muy fugaz, la narración y la poesía. Como muestras dejó: El Ultimo Sueño y La Balada de los Muertos.