| |
REPUBLICA Y ROMANTICISMO
El período de la República en el campo literario, corresponde propiamente a la etapa en la que comienza la desintegración de la Gran Colombia. Es cierto que muchos de los hombres que van a tener figuración destacada en ese período, nacieron en los últimos años del régimen colonial, pero no es menos cierto que su madurez intelectual, no la van a alcanzar sino en la década de los años 30. Es en este lapso histórico en el que se perfila definitivamente la nueva República. A este respecto, ha escrito Ramón Díaz Sánchez: «Los hombres que han creado la nueva República la llevan entre sus brazos con ternura de padres. En el amanecer de su historia los vemos andar de puntillas, como temerosos de despertar los fermentos que duermen en ella. Conmueve ver a Paéz en esta actitud de celo y amor, tratando de ocultar las garras para no herir la piel de los hombres, pero con los ojos muy abiertos cual si quisiese penetrar hasta el fondo de los corazones que le rodean».
El 24 de septiembre de 1830 el país tuvo una Constitución orientada hacia un Gobierno Centro-Federal. Y en octubre del mismo año fue designada Valencia como capital provisional de la República, por el Congreso. En Venezuela renace la pasión por construir, ya separados de la Gran Colombia, la patria que había asomado en los días iniciales de la emancipación. Los más destacados políticos, intelectuales y hombres de empresa rodean a Páez. Muerto Bolívar, el destino del país se identifica con las glorias, el buen sentido y la mano fuerte del famoso guerrero de los llanos. Por más de dos décadas, Páez será el caudillo indiscutible de la política venezolana. Sin su consentimiento, sin su orientación, será dificil imprimir rasgos distintos a los suyos, a las cuestiones públicas del país.
En 1831 la capital de la República es Caracas. En su casa de La Viñeta. el viejo Centauro de los llanos, realiza sus frecuentes tertulias con amigos y colaboradores de su gobierno. En 1835, después de la instalación del Congreso, cumplido su período presidencial, deposita el mando en manos del Vicepresidente Narvarte. La nueva República encuentra su cauce democrático en la elección del Dr. José María Vargas, para presidir los destinos del país. El proceso de conciencia social empieza su desarrollo desde entonces en Venezuela. Las ideas y las ambiciones diversas se cruzan. Una pléyade de hombres eminentes se disputan la dirección de la República. Surgen en el panorama político e intelectual figuras como las de Fermín Toro, Rafael María Baralt, Juan Vicente González, Antonio Leocadio Guzmán, Monseñor Talavera, Juan Manuel Cajigal, Manuel Felipe de Tovar, Valentín Espinal, Tomás Lander, José María de Rojas, Pedro Gual y otros.
A las nuevas ideas y al nuevo estilo político, sirve de cauce un fogoso periodismo revolucionario. Desde el año de 1830, período de afianzamiento de las nuevas instituciones republicanas y presidido por el signo de la oligarquía, aparecen las más diversas manifestaciones periodísticas.
Así pueden anotarse sucesivamente: «El Copiador», redactado por el presbítero José Cecilio Avila, «Gaceta de la Sociedad Republicana ”, editado en la imprenta de Valentin Espinal, la «Gaceta Constitucional de Caracas» editada en la imprenta de Tomás Antero, «El Patriota Venezolano”, «El Conciso» y «Los Venezolanos» editados en la imprenta de Fermin Romero, «El Nacional» editado en la imprenta de Damirón y Dupouy, «El Republicano», redactado por Pedro Carujo, «Reformas Legales» redactado por Francisco Michelena, «La Verdad», editado en la imprenta de Valentín Espinal, «El Venezolano» redactado por Antonio Leocadio Guzmán, «La Unión», editado en la imprenta de Carvallo y Vizcarrondo, «La Noche Buena de la Oligarquía», editado en la imprenta de Tomás Antero, «El Patriota» redactado por Felipe Larrazábal, «El Independiente», editado en la «Nueva Imprenta”, «El Diario de la Tarde» redactado por Juan Vicente González y muchos otros voceros que revelan las complejas características del período de dieciocho años, en el que el país, bajo la direccíón de la oligarquía criolla orienta los pasos de lo que cronológicamente habrá de llamarse en nuestros anales hístóricos, la Tercera República.
Todos estos periódicos canalizarán sus prédicas hacia dos metas bien definidas: o la defensa de las ideas conservadoras o la defensa de las ideas liberales. Con la defensa de las ideas liberales nace en Venezuela la lucha social. La figura más destacada en esos primeros años de lucha es, sin dudas, Antonio Leocadio Guzmán. Mariano Picón Salas lo llama en su libro Cinco discursos sobre el pasado y el presente de la nación venezolana, «Temperamento el más diabólicamente tentado por la política que haya producido nuestro país». Desde las páginas de su periódico «El Venezolano» alborota por primera vez los sectores sociales hasta entonces marginados de las cuestiones políticas en el país. Sus enemigos lo tildan de demagogo. Su adversario más poderoso será el brillante polemista Juan Vicente González.
Pero a Guzmán no lo detiene nada. Desde un principio se había trazado una meta. Y de su camino no podrán desviarlo. Su periódico le había abierto amplios horizontes. Sigiloso y prudente había formado parte del gobierno de Páez. Electo Vargas, ocupó el cargo de Ministro. Pero su puesto definitivo estaba en las barreras de la instigación popular. Como anota Gil Fortoul en su Historia Constitucional de Venezuela, Guzmán supo «avivar el instinto nivelador de la democracia, abrir horizontes nuevos a la mirada de la multitud, y pintar en ellos a toscos brochazos paisajes de libertad y redención».
En 1840 se funda el Partido Liberal Venezolano. Ideas confusas, resentimientos personales nacidos de supuestos errores del gobierno, ambiciones y una compleja gama de factores, sirven de asidero al nuevo Partido. Al principio, una rara mezcla de personalidades: terratenientes, banqueros, comerciantes y pocos ideólogos, constituyen la agrupación. Después se franqueará el camino. El periódico «El Venezolano» es el vocero del movimiento. Las dos figuras intelectuales de mayor relieve que trazarán la orientación del periódico, serán en definitiva, Tomás Lander y Antonio Leocadio Guzmán. Lander es una especie de filósofo político del socialismo. Predica desde los primeros días de la nueva República, la necesidad de la democracia para que desaparezcan las desigualdades sociales y señala fundamentales procedimientos que tendrán como base la equitativa distribución de las riquezas y de las tierras. Guzmán es más práctico. Actúa con tacto. Sus prédicas tal vez no tengan el fundamento ideológico que tienen las de Lander; pero sabe llegar a los intereses de las grandes mayorías nacionales, desposeídas y marginadas desde un principio del debate público. Así, la lucha social que se inaugura en el país con la llegada a la Presidencia de la República del Dr. José María Vargas, desembocará en la larga y cruenta Guerra Federal. Con ese episodio sangriento, fenece el predominio de la oligarquía conservadora. Aun cuando no se estabiliza la democracia, porque a la Guerra Federal sigue una autocracia militar, en los campos de batalla y en la nueva orientación de la cosa pública, se resuelve primero que en otros países de América la nivelación social, de acuerdo con nuestras características presididas por nuestra composición de pueblo mestizo. Antonio Leocadio Guzmán llegará a ver a su hijo, Antonio Guzmán Blanco, como el verdadero ejecutor de sus ideas, cuando el triunfo de las huestes federales le convierten en el nuevo constructor del país.
La generación de hombres que nace al calor de los primeros dieciocho años de la Nueva República se distingue por la presencia en sus filas de tres grandes maestros en el arte de escribir y manejar el pensamiento: Fermín Toro, Juan Vicente González y Rafael María Baralt.
|
|