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transicion del siglo xx
La transición del siglo XX en la literatura venezolana, está perfectamente demarcada por el auge y ocaso del modernismo, a finales del siglo XIX y los dos primeros decenios del presente siglo. En el campo de la narrativa, frente al modernismo surge una búsqueda nueva, diferente desde luego, a la que habían encabezado Díaz Rodríguez, Pedro César Domínici, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl. Novelistas como Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra; cuentistas como Enrique Soublette, Julio Horacio Rosales, Carlos Paz García, Leoncio Martínez, Joaquín González Eiris, Julio Garmendia, Casto Fulgencio López, entre otros, tratan de poner fin a los excesos verbales del modernismo, a aquella prosa demasiado afiligranada, aquel arte preciosista de la prosa, que había tenido un eminente representante en Manuel Díaz Rodríguez.
En la poesía, la verdadera transición habrá de ocurrir después del segundo decenio de este siglo, cuando los nuevos aires de la vanguardia, con cierto retraso empiezan a conmover los cimientos del viejo imperio poético, construido en primera instancia por el romanticismo y fortalecido posteriormente por el modernismo.
Concretamente, la renovación de nuestra poesía encuentra su más firme asidero en la obra de los poetas de la generación de 1918. Para ese momento empieza a sentirse la ausencia del modernismo. Hacía dos años que babía muerto Darío. En la poética española, representada fundamentalmente por Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, se observa también la rectificación, frente al modernismo en retirada. Desde Francia empiezan a llegar nuevos aires estéticos, en los que venía envuelta una total revolución en el campo general de las artes. Complejas tendencias se agitan en la poesía venezolana de entonces. Una débil influencia romántica perdura todavía, mezclada con algo del ya superado realismo y los últimos vestigios del movimiento poético modernista. Frente a las más desímiles tendencias, aparece la nota curiosa de un fuerte nacionalismo, representada por poetas como Jacinto Fombona Pachano, Luis Barrios Cruz, Alberto Arvelo Torrealba, entre otros. Se reflejaba en esta tendencia, el eco lejano de Bello y de Francisco Lazo Martí.
En la ensayística, la transición se produce, en parte, con la asimilación de las ideas más avanzadas del positivismo, sobre todo de carácter filosófico, y ya de las vertientes estéticas, procedentes del movimiento modernista. Las preocupaciones fundamentales de los ensayistas de principios de siglo, se concentran en la pureza de las formas y la agudeza de su pensamiento. Es posible que tanto la actitud científica de los epígonos del positivismo y la estética profesada por los militantes del modernismo criollo, respondan al conformismo o pesimismo impuesto por la rutina bárbara, el empirismo y el signo trágico del país en el siglo pasado, como ha apuntado Mariano Picon Salas en uno de sus más recordados ensayos.
Las dictaduras que se apoderaron del país durante la mayor parte del siglo XIX y gran parte del presente, impidieron a los pensadores venezolanos plantear con crudeza y acierto nuestros más ingentes problemas. Las aduanas estaban cerradas para la inteligencia. No entraban ni salian ideas nuevas.
Era necesario, por lo tanto, o resignarse a ver pasar nuestra dramática existencia o caer en la desesperación y el pesimismo. Estos eran los caminos para los intelectuales venezolanos que no podían marcharse del país. Los otros, los exiliados, vivian la evasión forzosa. La imagen de la patria se les hacia cada dia m ás borrosa.
Después del modernismo y con motivo de la primera gran conflagración mundial, los rumbos cambian un poco. Soplan nuevos aires. Se produce la revolución rusa. Se intensifica el contrabando de ideas. Llegan a Venezuela, aunque con retraso, novedosas publicaciones. Los escritores, de acuerdo con los cambios políticos en el país, piensan en que llegará al fin, después de una larga noche de barbarie, la alborada de la civilización. El suceso no se produce inmediatamente en la realidad. Sin embargo, el testimonio queda en el pensamiento de la generación de aquel momento.
Las últimas generaciones han asistido a las tranformaciones fundamentales en el proceso de la vida venezolana. La lucha por una estabilidad institucional de la democracia, ha sido cruenta. Se ha luchado contra la vieja herencia del caudillismo y de la desorganización. Los recursos técnicos en el examen de nuestra realidad y una profesión de fe continental, han acercado el pensamiento de nuestros mejores ensayistas coetáneos al planteamiento de las soluciones de nuestros ingentes problemas históricos.
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